El futuro del petróleo del Yasuní se decide en las urnas

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El martes 9 de mayo de 2023 marcó un hito en la defensa de los derechos de participación y los derechos de la naturaleza en Ecuador. Ese día, luego de 10 años, la Corte Constitucional autorizó que se realice una consulta popular con el fin de que el petróleo del bloque ITT (Ishpingo Tambococha Tiputini) —846 millones de barriles—, ubicado en el Parque Nacional Yasuní, en la Amazonía ecuatoriana, se mantenga indefinidamente bajo tierra.
La consulta se desarrollará el 20 de agosto de 2023, junto con las elecciones anticipadas por la disolución de la Asamblea Nacional.
Esta propuesta del colectivo YASunidos, conformado por animalistas, ecologistas, indígenas, feministas y activistas LGBTIQ+, ha sufrido trabas legales, fraudes y presiones de los gobiernos del Ecuador entre 2013 y 2023. En este contexto, resaltamos parte de la historia de la lucha de los YASunidos.

¿Por qué dejar el petróleo bajo tierra?


La iniciativa de mantener el crudo bajo tierra o salvar el Yasuní se originó en los años 90, con la campaña “Amazonía por la vida” de Acción Ecológica, una ONG (organización no gubernamental) ambientalista vinculada a la defensa de los derechos de la naturaleza en la Amazonía del Ecuador desde hace más de 40 años. La propuesta se gestó como una alternativa para defender una porción casi intacta de la selva, territorio de los pueblos ocultos Tagaeri y Taromenane, del avance de las petroleras.
“Esta es la tecnología de punta, pero de punta de palo de escoba. Con eso tapan los derrames de petróleo en el Oriente. Ese es el legado de Texaco, que dejó más de 300 piscinas como esta”, con esta frase, Alexandra Almeida, activista e investigadora de Acción Ecológica, terminaba los “toxitours” en la provincia de Sucumbíos, en la Amazonía norte. Esta explicación se realizaba mientras indicaba un ducto o tubo taponado con un palo. “Toxitour” fue el nombre dado al recorrido por los pozos operados por la Texaco y las piscinas de “remediación ambiental” al aire libre que realizaba Acción Ecológica como parte de sus programas de capacitación a la comunidad, periodistas y activistas antipetroleros.
Esta escena se registró en 1999 y para quien escribe estas líneas fue el primer contacto con el lado oscuro del petróleo en el Oriente ecuatoriano. La situación no podía ser más desoladora: de una piscina llena de petróleo, emanaban gases de un hedor penetrante similar al de la gasolina; desde el costado de la carretera, se divisaba un vaho que se desprendía de la superficie, semejante a una gran nata negra, a una gran gelatina de brea; lo más penoso era que, a pocos metros de la piscina, se levantaba una casa de madera y techo de hojas de zinc donde vivía una familia de colonos, a pesar de que uno de sus integrantes padecía cáncer; no tenían adónde más ir.
Almeida remataba la explicación con datos del impacto de la explotación y los avances de la Novena Ronda Petrolera del Ecuador (entrega de bloques petroleros a empresas para su explotación en 1999). Al final, Almeida mencionaba al bloque ITT y la propuesta de mantener el crudo bajo tierra, porque era una de las pocas áreas donde aún no se hacía ninguna extracción. En esta primera etapa se conocía como “moratoria petrolera” a lo que luego se transformaría en la “Iniciativa Yasuní-ITT”, que se ha revitalizado en la actualidad con la orden de ejecutar la consulta popular.

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[1] Periodista especializado en temas ambientales con más de 20 años de experiencia. Ha trabajado en el sector público y el privado. Ha publicado en revistas ambientales de Brasil, Bolivia, Perú y Estados Unidos. En la actualidad, es editor en el portal Bitácora Ambiental.