¿Quién teme al feminismo?

 A propósito de la “ideología de género” y otras monstruosidades sexuales en Ecuador y América Latina

Por Cristina Vega*
Fuente: Sin Permiso
08 de diciembre de 2017

 

¿Es la denominada “ideología de género” el nuevo fantasma que recorre América Latina? A las prédicas y marchas de quienes defiende una institucionalidad libre de esta “ideología” se han sumado algunas campañas con notables efectos políticos en países como México, Colombia y Perú, además de lo que viene sucediendo en Brasil.

Una reciente movilización en Ecuador bajo el lema global “Con mis hijos no te metas”, dirigida a incidir en la aprobación del Código Orgánico de Salud y la Ley Orgánica para la Erradicación de Violencia de Género, ha puesto de manifiesto la capacidad expansiva de esta cruzada. Es el enfoque de género en las mallas curriculares y en la política de salud lo que aglutina el rechazo. El acoso a la filósofa estadounidense Judith Butler en su visita a Brasil para presentar “Los fines de la democracia”, su nuevo libro, ha sido el último episodio de un década, la de 2010, en la que se han sucedido otros de menor visibilidad pero en esta misma línea. En ellos se habla a feligreses y al común de los padres de familia acudiendo en muchos casos a los medios, particularmente a internet. La alerta es clara: los movimientos feministas y LGTBI y su desarrollo en las ciencias sociales instituyen leyes y sentidos contrarios a los valores que estos sectores defienden.

En cada país, el proceso se ha enganchado a una coyuntura singular multiplicando su eco al vincularse a transformaciones legislativas específicas sobre las que ejercer presión. Mientras en Europa, la aprobación del matrimonio de gays y lesbianas ha sido una cuestión central, en América Latina, los derechos sexuales y reproductivos, con su tradicional “ogro”, el derecho al aborto, ha cobrado preeminencia. El acceso a
anticonceptivos, así como a información y educación sexual, incluido el reconocimiento a las diversidades sexuales y sexo-genéricas, han disparado las alarmas[1].

Desplazar el conflicto hacia la educación de los menores y las atribuciones de las familias se ha revelado como un paso estratégico en la escalada. Hablar de sexualidad en la escuela, particularmente de diversidad sexual se ha convertido en un anatema, retorcidamente conectado con la pedofilia. Elementos novedosos, junto a otros más tradicionales, han ido dando forma a esta retórica, que relanza una agenda de conservadurismo y restricción de derechos. El pánico moral se concentra en torno al ataque a la familia, a la libertad de los padres para definir la educación de hijas e hijos, a la formación en valores e identidades naturales, claras y sólidas para niños y jóvenes, a la liberalización de los llamados vientres de alquiler y a la estimulación de la homosexualidad. Se suscita, en el proceso, una profunda sospecha hacia el Estado, que ha pervertido la educación laica, hacia las agencias internacionales, que obligan a los Estados a asumir una “perspectiva” peligrosa, y hacia el feminismo, de manera especial en su vertiente académica, cantera “ideológica” de estas concepciones.

Una renovada alianza entre grupos evangélicos y católicos, élites corporativas y derecha política laica, argumentalmente respaldada por la jerarquía vaticana, se sitúa en muchos países al frente de esta avanzada capaz de agrupar en las calles a sectores populares. Otros socios inesperados se les han unido por el camino, si no incorporándose directamente a sus filas, sí aprovechando algunos de sus instrumentos
y agitando el clima “anti-género” que desata esta cruzada.

 

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[1] El término “ideología de género” fue utilizado por el primer mandatario ecuatoriano en 2013 en un enfrentamiento directo con el movimiento feminista. En Brasil, distintos estados y municipios eliminaron la igualdad de género en las directrices educativas en
2015 bajo la influencia de Escola sem Partido. Un año más tarde, y en relación al golpe contra Dilma Rousseff, la movilización por la erradicación de esta “ideología” experimentó una escalada. También en Chile y en Centroamérica se ha intensificado. En Colombia la presencia de la “ideología de género” en los acuerdos de paz fue un elemento clave; tras la victoria del “no”, se llamó a una purga de esta dimensión en el
proceso. En Perú, destacan los vínculos políticos y corporativos de los sectores pentecostales. En Argentina y Uruguay el impacto ha sido menor (Pecheny et al. 2016, Careaga-Perez 2016, Correa 2016, Cornejo Valle y Pichardo 2017).

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