La persistencia de la soledad

Escrito por  CEDINS*

“…porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. La frase final de la novela de Gabriel García Márquez reafirma la desesperanza que acompaña a varias generaciones de los Buendía, la familia protagonista de Cien años de soledad. Las guerras civiles, las masacres contra los trabajadores, el poder político controlado por liberales y conservadores, y la precaria conformación de un Estado que ignora las regiones apartadas del país, habitan la novela con la misma presencia que la impecable narrativa de Gabo.

 

En La soledad de América Latina, su célebre discurso de aceptación del Nobel en 1982, García Márquez denunció las muertes cotidianas forjadas por “la opresión, el saqueo y el abandono” de nuestro continente. Años después, su discurso se acompaña de una triste paradoja. Mientras en buena parte de los países latinoamericanos se han erigido gobiernos populares, apoyados por movimientos sociales, con plataformas soberanistas o de izquierda, en Colombia persiste un régimen político controlado por barones electorales herederos de las oligarquías tradicionales que han seguido con obediencia el modelo neoliberal. He aquí la triste paradoja del más grande escritor nacido en estas tierras: aunque América Latina dé pasos para salir de su soledad, Colombia parece regocijarse en su propia parálisis.

Pero la parálisis es solo aparente. Hace algunas semanas el reconocido periodista Daniel Samper decidió renunciar su columna semanal, a propósito de su retiro le preguntaron, “¿no es difícil retirarse en un momento político tan coyuntural?” a lo que respondió “Colombia siempre está en un momento político coyuntural” [1]. En efecto, hablamos de un país con un exceso de acontecimientos; si alguna vez Ignacio Ramonet sugirió que la censura de nuestro tiempo no es la supresión sino el exceso de información, en este caso la parálisis consiste en el exceso de hechos que influyen en la política nacional. No obstante, al inicio de 2014 los acontecimientos parecen cobrar otro cariz. Los diálogos de paz, la campaña electoral, la destitución del alcalde mayor de Bogotá y la creciente movilización social forman una situación que podría modificar el sentido habitual de nuestra soledad.

La guerra y la paz

-“Ponte los zapatos y ayúdame a terminar con esta guerra de mierda”
Al decirlo, no imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla.

Palabras del Coronel Aureliano Buendía al Coronel Márquez en Cien años de soledad

Las frases del Coronel hoy resuenan en Colombia. Los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo) fueron anunciados públicamente el 4 de septiembre de 2012 después de varios meses de prudentes contactos secretos. El gobierno también ha informado sobre contactos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) para iniciar posibles diálogos con ese grupo insurgente.

El éxito de la deliberación entre gobierno e insurgencias finalizaría una confrontación armada que está cerca de cumplir medio siglo. Las dos guerrillas surgieron del influjo de la revolución cubana en los años 60, pero a diferencia de otros procesos revolucionarios del continente, el alzamiento en armas estuvo precedido por décadas de confrontaciones bélicas entre liberales y conservadores. La tradición de las guerrillas liberales se radicalizó hacia una plataforma socialista en el caso del ELN, mientras las FARC heredaron las organizaciones de autodefensa organizadas por comunidades campesinas. Otros factores que han configurado el conflicto armado son la estructura del régimen político y la concentración de la tierra. El conflicto armado se desarrolló en medio del Frente Nacional, el acuerdo entre liberales y conservadores para repartirse el control del Estado, pacto que puso fin a la guerra entre los dos partidos pero que marginó a las fuerzas de oposición, en especial a la izquierda, entre 1958 y 1974. A mediados de los 80, las FARC y el gobierno nacional desarrollaron un frustrado proceso de paz cuyos acuerdos incluían la conformación de la Unión Patriótica (UP), organización política que le permitiría a la insurgencia actuar en la vida civil. Tras la ruptura de los acuerdos de paz los integrantes civiles de la UP fueron víctimas de un genocidio político que cobró la vida de miles de sus militantes. El partido fue fundado en 1984, y ya en 1987 se registró el asesinato de 111 de sus miembros, en 1988 fueron 276 y en 1989 fueron 138 [2]. Las víctimas incluyeron a dos candidatos presidenciales y varios congresistas de la república.

Por otro lado, la relación entre tierra y poder político ha configurado la historia nacional. El poder político y militar tradicional ha estado ligado a la gran hacienda, de ahí que la continuidad del latifundio sea un soporte tanto del régimen político como del conflicto armado. La gran hacienda ha sido una institución reguladora de la política nacional, al mostrarse como un factor que refuerza el poder político tradicional. Por eso no es accidental que el primer punto de la agenda entre gobierno y FARC sea precisamente la cuestión agraria. Los intereses políticos de los actores del conflicto armado han estado ligados a la propiedad de la tierra. La plataforma agitada por la insurgencia en su nacimiento tuvo como uno de sus ejes la defensa del campesinado y la exigencia de una reforma agraria. Por oposición, la articulación del proyecto paramilitar a comienzos de los años 80 se puede explicar como una reacción de sectores ganaderos, terratenientes y narcotraficantes ante una negociación de paz con la guerrilla. De acuerdo con Mauricio Romero, la posibilidad de políticas reformistas, resultado de la negociación de paz, generó una reacción de los grandes propietarios de la tierra en algunas regiones, lo que desembocó en la promoción del paramilitarismo para frenar una eventual redistribución de la tierra [3].

Será a partir de los 90 cuando al anterior panorama se sume el desplazamiento forzado. Según cálculos del Estado colombiano, entre 1996 y 2012 fueron desplazados 4’744.046 personas [4]. El desplazamiento forzado ha reorganizado el territorio y la disposición de la propiedad de la tierra, afectando principalmente a las familias campesinas, y también a las comunidades indígenas y afro. La principal causa del desplazamiento es el despojo de tierras, que favorece la expansión de proyectos agroindustriales, el desarrollo de planes minero-energéticos y el control del suelo para el narcotráfico. El desplazamiento no es un daño colateral del conflicto sino un objetivo de los actores armados, principalmente del paramilitarismo, así como de los empresarios del campo, legales e ilegales, que han impulsado el modelo de la “acumulación por desposesión” a gran escala.

La ligazón entre armas y política, la ausencia de políticas de reforma agraria que desmonten el latifundio tradicional y el retorno de los desplazados, así como la persecución sistemática a algunos sectores de la izquierda son factores que dificultan el final de la guerra. Pero a pesar de la dificultad el esfuerzo por la paz persiste.

La agenda de diálogos entre las FARC y el gobierno ya ha tratado dos puntos de discusión, desarrollo rural y participación política, mientras en la actualidad discute el punto de solución al problema de las drogas ilícitas. Quedan pendientes dos puntos, relativos a víctimas y fin del conflicto, en este último se abordarán temas como el cese de hostilidades y la dejación de armas. El avance del proceso muestra que ha sido el intento más serio de llegar al fin del conflicto en cincuenta años, sin embargo hay dos inquietudes que preocupan a los movimientos sociales: 1. El grado de transformación de la sociedad que generen los acuerdos, pues es posible que no se generen grandes transformaciones en tales temas, y 2. La baja participación de la sociedad en los diálogos, factor que será fundamental en un eventual proceso de paz con el ELN.

Aunque en Colombia parezca más fácil empezar una guerra que terminarla, la esperanza de la paz es hoy la principal preocupación de la sociedad.

Las elecciones presidenciales y la amenaza de la apatía

Las conversaciones de paz transcurren en medio de la campaña electoral por la presidencia de la República en el período 2014-2018. El presidente Juan Manuel Santos es el favorito para ser reelecto, apareciendo en todas las encuestas muy por encima de sus competidores. No obstante, la campaña electoral está marcada por la apatía. A diferencia de las elecciones anteriores, las candidaturas no parecen demostrar mayor entusiasmo. Santos luce como favorito porque promete la continuidad con el proceso de paz, y porque goza de una coalición parlamentaria que le garantiza las preferencias de la mayoría de la clase política, contando con el respaldo de tres partidos: Liberal, la U y Cambio Radical. No obstante, la probable reelección de Santos se acompaña de una creciente impopularidad que ha marcado buena parte de su mandato, como lo muestra el ascenso de las protestas y movilizaciones sociales que rechazan su gestión, valga resaltar que el año 2013 fue el más rico en movilizaciones desde 1975 [5]. No obstante, Santos parece tener asegurado su paso a la segunda vuelta.

A pesar de tal impopularidad, los rivales de Santos no logran canalizar el descontento. Sus principales rivales son Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá de origen liberal, quien representa una visión de la política que no muestra diferencias sustanciales con el actual presidente y Oscar Iván Zuluaga del Centro Democrático, el nuevo partido de derecha impulsado por el ex presidente Álvaro Uribe. Las recientes encuestas indican que uno de los dos será quien enfrente a santos en la segunda vuelta. Por la izquierda la candidatura de unidad entre Clara López del Polo Democrático y Aida Avella de la Unión Patriótica aparece en el cuarto lugar de preferencias electorales. Clara López es una veterana dirigente ha ocupado importantes cargos públicos, entre ellos la alcaldía de Bogotá, mientras Aida Avella es una exiliada que recientemente regresó al país, tras alejarse por 17 años después de ser víctima de varios atentados contra su vida. Aunque parecen tener pocas opciones, la candidatura de López y Avella refleja un esfuerzo de unidad entre diversos sectores de una izquierda fragmentada que, si logra canalizar el descontento popular y la ascendente movilización, bien podría dar la sorpresa en las elecciones de finales de mayo.

El hecho más significativo y polémico de la política colombiana en los últimos años es la polarización en torno al presidente Santos y el ex presidente Uribe. Aunque el primero fue elegido con el respaldo del segundo, al llegar al gobierno Santos defendió políticas de corte más liberal y orientándose a la búsqueda de la paz, distanciándose del legado conservador y guerrerista de su antecesor. Por otro lado, mientras Santos es respaldado por las burguesías tradicionales de las ciudades y por los grandes inversionistas transnacionales, Uribe cuenta con el respaldo de los grandes hacendados rurales y de sectores cercanos a las Fuerzas Militares. Tras la ruptura entre ambos personajes y sus proyectos políticos, Uribe ha encabezado la principal oposición de derechas al actual gobierno, fundando su partido Centro Democrático. De esta manera la soledad colombiana puede caracterizarse como uno de los pocos casos en América Latina donde gobierna la centro derecha mientras la oposición política más fuerte la encabeza la extrema derecha. Aunque en las pasadas elecciones parlamentarias de marzo el partido de Uribe alcanzó el 12% de los votos, siendo el segundo más votado después del Partido de la U (el partido del presidente Santos), el candidato presidencial de derecha no parece amenazar la reelección.

Sin duda, el principal debate en la contienda electoral es el proceso de paz. Aunque Santos, Peñalosa y López afirman que persistirán en la búsqueda de la paz, Zuluaga no se ha ahorrado críticas al proceso de paz, de ahí que se espere que un eventual triunfo suyo pueda terminar con las negociaciones y castrar la esperanza del final del conflicto armado.

Las paradojas de la izquierda

Como ya se mencionó, la impopularidad de Santos puede medirse por los altos grados de movilización social y protestas contra su gobierno, destacándose el Paro Nacional Agrario de agosto de 2013, la más importante jornada de protesta de las últimas dos décadas. Aunque la mayoría de tales movilizaciones hayan sido impulsadas por las organizaciones de izquierda, su capacidad electoral es reducida frente a los partidos de derecha. La fuerza de la izquierda se encuentra en las calles pero no se materializa en votos. En las elecciones parlamentarias el Polo Democrático apenas alcanzó 5 senadores de 100 posibles, resultados que reflejan los costos de las divisiones de ese partido, así como las dificultades de la oposición de izquierda en un contexto de guerra y persecución.

A finales de 2013 fue destituido el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19 y una de las figuras más reconocidas de la izquierda colombiana. El alcalde fue retirado del cargo por el Procurador General de la Nación, un conservador ultracatólico que le impuso una sanción que para la mayoría de la opinión resultó excesiva e injustificada, pues Petro no fue acusado de corrupción, sino de violar la ley al buscar gestionar un sistema de recolección de basuras que le devolvía poderes a las empresas públicas por encima de las privadas, rechazando el modelo privatizador propio del neoliberalismo. La sanción al alcalde reforzó el imaginario de la persecución a la izquierda, persecución que tiende a combinar métodos legales y hechos violentos. Tras la sanción se vivió un multitudinario rechazo a la decisión de la Procuraduría que acompañado de una astuta estrategia jurídica le ha devuelto, temporalmente, el cargo al alcalde Petro. Sin embargo, el affaire Petro dista de tener un desenlace claro y nadie apuesta a predecir como concluirá, pues aún faltan varios fallos judiciales.

En ese contexto una izquierda dividida hace esfuerzos por recomponerse y seguir avanzando tanto en su posible unidad como en el aumento de su capacidad de movilización. El 15, 16 y 17 de marzo se celebró la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular espacio donde las diversas organizaciones campesinas, agrarias, indígenas y afro concertaron un pliego de peticiones unitario que será impulsado en una próxima movilización que promete ser tan fuerte como la del año anterior, la más importante en casi tres décadas. La Cumbre promueve un pliego de exigencias cuyos propósitos reúnen el ordenamiento territorial, la reforma agraria, la protección del ambiente, la garantía de derechos civiles y sociales, la transformación del modelo económico y la paz con participación de la sociedad [6].

En un país donde la tierra está en la base del régimen político y del conflicto armado, la movilización de los sectores rurales parece ser el factor crucial que transforme las relaciones de fuerzas en una sociedad caracterizada por la violencia y la desigualdad de la riqueza. Ante tal situación la izquierda tiene la oportunidad de buscar canalizar ese descontento social en un proyecto de transformación que le apueste tanto a la paz como a la transformación del modelo económico y político

De tales movilizaciones y protestas, encabezadas por los sectores más oprimidos, saqueados y abandonados, dependerá que Colombia logré salir de su persistente soledad para caminar otros rumbos. Para que las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan una segunda oportunidad sobre la tierra, y para que terminar la guerra no sea tan difícil como lo ha sido hasta ahora.

*Corporación para la Educación y el Desarrollo de la Investigación Popular

[1] Puede consultarse la entrevista en: http://noticiasunolaredindependiente.com/2014/04/13/secciones/top-de-los-otros-famosos/daniel-samper-pizano-se-retira-del-periodico-el-tiempo/
[2] “El saldo rojo de la Unión Patriótica”: http://www.verdadabierta.com/justicia-y-paz/157-captura-de-rentas-publicas
[3] Mauricio Romero, “Paramilitares y autodefensas 1982-2003”, Bogotá, IEPRI, 2003.
[4] Ver las cifras del informe “Basta ya” en http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/informeGeneral/estadisticas.html
[5] Ver Cinep, Luchas sociales en Colombia 2013. Disponible en: http://issuu.com/cinepppp/docs/informe_especial_luchas_sociales_en/1?e=3199483/7610941
[6] Ver al respecto: http://congresodelospueblos.org/index.php/pueblo-en-lucha/cumbre-agraria/484-pliego-de-exigencias-de-la-cumbre-agraria
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