La economía venezolana después de las reformas ¿Guerra económica o autogoles del Gobierno?

Septiembre 2018

Por Víctor Álvarez R.

 

El deterioro de la economía venezolana no ha tocado fondo y el año 2018 se encamina a ser aún peor. Según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que calcula la AN, la inflación mensual en Agosto cerró en 223,1%. La interanual entre Agosto 2018/2017 registró 200.005%, y la acumulada en el año 2018 asciende a 34.680,7%. Esto equivale a una inflación diaria de 4%. El Índice de Actividad Económica durante el primer semestre de 2018 refleja una contracción de 25% del PIB, para un total acumulado de 50% entre 2014-2018 

 

Introducción

El venezolano de a pie sigue afectado por graves problemas de acaparamiento, contrabando de extracción, reventa de productos de primera necesidad, especulación e hiperinflación. Desde la visión oficial, esos problemas son la expresión de una guerra económica que busca generar un creciente malestar, con el fin de lograr que el pueblo identifique al gobierno como el culpable de la situación y vote en su contra en las elecciones presidenciales. Por su parte, la oposición y el sector empresarial atribuyen esos problemas a los desaciertos de la política económica y a una creciente hostilidad contra la empresa privada que desestimula la inversión y actividad productivas.

El empeño de destruir la economía capitalista sin haber creado antes una economía alternativa, comunal o al menos estatal pero que funcione, terminó siendo el atajo perfecto para esta situación de caída de la producción, desabastecimiento, escasez, acaparamiento, especulación e hiperinflación. Se ha desestimulado la inversión privada y los vacíos que esta ha dejado no han sido cubiertos oportunamente por la inversión en la economía social. Por si fuera poco, la mayoría de las empresas que fueron nacionalizadas o expropiadas y conforman la economía estatal, han sido secuestradas y quebradas por el burocratismo y la corrupción.

No todo es guerra económica. Reactivar la producción y superar los problemas de escasez e hiperinflación pasa por reconocer los desaciertos de la política económica, así como las maniobras especulativas en las esferas de la producción y comercialización que cometen los cazadores de rentas y fortunas fáciles que buscan lucrarse aprovechando los incentivos perversos que ofrecen las desviaciones y errores de la política económica. Si el gobierno rompiera su inercia y tomara las medidas económicas que tiene al alcance de la mano, muchos de estos problemas que hoy sufre la población no existirían.

Cuánto de guerra económica y cuándo de políticas públicas que deben ser rectificadas es lo que queda por dilucidar. Mientras tanto, el gobierno sigue atrapado en una errónea interpretación de lo que significa la lealtad al legado de Chávez, quien dejó como herencia un conjunto de controles cambiarios y de precios que en su momento se justificaron, pero que hoy lucen totalmente agotados. Pero el gobierno de Nicolás Maduro cree que si elimina el control de cambios, flexibiliza los controles de precios y sustituye al Fonden por un Fondo de Ahorro y Estabilización Macroeconómica, eso sería traicionar el legado de Chávez.

Lo malo es que la economía siempre puede estar peor

El gobierno tendrá que encarar la contracción del aparato productivo y los desequilibrios macroeconómicos que se expresan en la escasez e hiperinflación que azota a los hogares y empresas venezolanas. Otro dolor de cabeza para el próximo gobierno es el colapso de la producción de petróleo debido a la falta de inversión, la corrupción dentro de Pdvsa y la fuga masiva de talentos. La persistente caída de la producción y del ingreso petrolero será el detonante de la crisis de la deuda externa con su inevitable ola de embargos y querellas judiciales.

No habría mayor problema si la crisis económica antes descrita se quedara en las estadísticas y cuentas nacionales que no publica el BCV. El problema es que esta crisis se ha traducido en un acelerado empobrecimiento y deterioro de la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población venezolana. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI 2017) -realizada por la UCAB, UCV y USB con base en una muestra de 6.168 hogares distribuida en todo el país-, la pobreza subió a 87%.

Según la ENCOVI, en Venezuela, 9 de cada 10 hogares no puede pagar su alimentación

 

diaria. Aproximadamente 8,2 millones de venezolanos ingieren dos o menos comidas al día y estas son de baja calidad nutricional. El 64% de la población ha perdido aproximadamente 11 Kg de peso en el último año y el 68% no tiene seguro de salud. Solo 19% de las mujeres embarazadas en el estrato más pobre se controla con el médico desde el primer mes de gestación, en comparación con 73,3% en el estrato de mayor ingreso. Seis de cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años no acceden a la educación superior y cuatro de cada 10 niños y adolescentes dejan de asistir a clases por problemas de transporte, apagones o falta de alimentación. El desempleo alcanza al 15,3% de la población, 37,5% trabaja por cuenta propia, 44% trabaja sin ningún tipo de contrato o beneficio laboral. Sólo el 39% de los trabajadores tiene un empleo fijo y apenas el 38% está afiliado al Seguro Social.

La superación de los problemas de escasez, hiperinflación, colapso de la producción de petróleo y deuda externa pasa por un cambio de rumbo en la orientación de la política económica. Abrir Pdvsa a la inversión privada nacional y extranjera, levantar los rígidos controles de cambio y de precios que ahogan al aparato productivo interno, erradicar el financiamiento del déficit de Pdvsa, Corpoelec, Metro y demás empresas públicas con emisiones de dinero sin respaldo, son parte de las reorientaciones que requiere la política económica venezolana. De mantenerse la inercia, la crisis económica se agravará debido a que el actual gobierno solo toma medidas que atizan la escasez y la hiperinflación.

La economía venezolana

El deterioro de la economía venezolana no ha tocado fondo y el año 2018 se encamina a ser aún peor. Las desviaciones y errores de la política económica no se han corregido y, por lo tanto, se mantienen las causas que generan este pésimo desempeño. Según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) que calcula la AN, la inflación mensual en Agosto cerró en 223,1%. La interanual entre Agosto 2018/2017 registró 200.005%, y la acumulada en el año 2018 asciende a 34.680,7%. Esto equivale a una inflación diaria de 4%. El Índice de Actividad Económica durante el primer semestre de 2018 refleja una contracción de 25% del PIB, para un total acumulado de 50% entre 2014-2018.

La prolongada contracción de la actividad económica se expresa en una creciente escasez de bienes y servicios. La hiperinflación desatada profundiza la caída en el consumo privado, cuestión que agrava la contracción de la actividad productiva y el cierre de muchas empresas. Si se siguen postergando las urgentes medidas para estabilizar la macroeconomía, renegociar la deuda externa, recuperar la producción de Pdvsa, reactivar la producción agrícola e industrial y sofocar la hiperinflación, inevitablemente aumentará la pobreza y la exclusión social, cuestión que puede desembocar en una creciente conflictividad social y crisis de gobernabilidad.

A menos que el gobierno de un golpe de timón a su política económica y tome medidas eficaces para reactivar la producción, cerrar el déficit fiscal, erradicar su financiamiento con emisiones de dinero inorgánico y crear las condiciones para una reforma monetaria exitosa que devuelva la confianza en el signo monetario nacional, la escasez y la inflación continuarán. De mantenerse la misma política económica en lo que resta de 2018, los desequilibrios macroeconómicos, la contracción del PIB y la hiperinflación superarán los registros de 2017.

Caída del PIB y escasez

Desde 2014, la disminución acumulada del PIB llega a 34%. La voz oficial ha atribuido la contracción del tamaño de la economía a la caída de los precios del petróleo, pero lo cierto es que la desaceleración, estancamiento y prolongada contracción del PIB se inició en el segundo semestre de 2014, cuando aún los precios del petróleo venezolano rondaban los 100 $/b. Sin embargo, ese año el PIB se contrajo en 3,9%, y desde entonces no ha dejado de caer.

En lo que va de 2018, Venezuela se hunde en una profunda depresión económica, cuestión que explica el grave desabastecimiento. FMI, BID, CEPAL y los analistas nacionales coinciden en una reducción del PIB entre 12-14%, con una nueva caída del ingreso promedio por habitante. El 2018 será el quinto año consecutivo en el que la economía venezolana seguirá contrayéndose. La caída del ingreso petrolero y los pagos selectivos de la deuda han restado las divisas que se requieren para cubrir las importaciones de materias primas, insumos, repuestos, maquinarias y equipos que necesita el aparato productivo.

La formación bruta de capital fijo seguirá cayendo. Los bajos niveles de inversión amenazan con descapitalizar el aparato productivo nacional, factor que explica en gran medida los crecientes índices de escasez en todos y cada uno de los sectores y rubros de la economía. Este negativo desempeño se debe a la conformación de un ambiente adverso y hostil que se manifiesta en:

  1. Expropiación de empresas productivas, quiebra de las empresas estatizadas y reducción de la densidad de empresas productivas por cada mil habitantes.
  2. Sobrevaluación de la tasa de cambio oficial que abarata importaciones gubernamentales y desplazan la producción nacional.
  3. Rígidos controles de precios que se quedan por debajo de los costos, generan pérdidas y desestimulan la producción.
  4. Aumento salariales por decreto sin tomar en cuenta la evolución de la productividad.
  5. Racionamiento de electricidad, agua y gas que impiden un normal desenvolvimiento de la producción
  6. Desinversión, obsolescencia tecnológica, deterioro de las capacidades innovativas que repercute en la calidad, productividad y competitividad.

 

  1. Control de cambios y escasez de divisas para importar materias primas, insumos, maquinarias, repuestos, etc.
  2. Acumulación de deudas en divisas con proveedores internacionales que dejaron de despachar materias primas e insumos.
  3. Aumento de los costos de reposición debido a la incertidumbre que induce a fijar los precios de hoy con base en la tasa de cambio esperada para mañana.
  4. Encarecimiento generalizado de los insumos y factores de producción.

Hiperinflación

Al problema de la creciente escasez, se suma ahora el violento auge inflacionario, el cual se propaga con más velocidad a medida que crece el déficit fiscal y se recurre a su financiamiento a través de emisiones de dinero sin respaldo por parte del BCV, en cuya página web se observa como las transferencias a empresas públicas no financieras se multiplicó por 30 veces. Esto implica un aumento desmesurado de la liquidez monetaria en un mercado signado por una persistente escasez.

Además de los mecanismos generadores de la inflación relacionados con la disminución de la oferta debido al colapso de la producción agrícola e industrial, los desequilibrios fiscales y monetarios operan como factor propagador de la hiperinflación. El gobierno gasta más de lo que le ingresa y así inyecta a la economía más dinero que el que le sustrae a través del cobro de impuestos. Y al financiar el déficit fiscal con emisión de dinero, genera una expansión de la liquidez monetaria que estimula la demanda, propagando las presiones hiperinflacionarias que no pueden contenerse con los ineficaces controles de precios.

En efecto, el déficit fiscal es financiado con emisiones de dinero por parte del BCV. La deuda de Pdvsa con el instituto emisor ha crecido de manera sostenida, y esto implica una creación desmesurada de dinero sin respaldo. Tal incremento en la masa monetaria termina en poder del público y estimula un creciente consumo que no tiene su debido respaldo en un aumento proporcional de la producción.

Adicionalmente, la emisión desproporcionada de dinero sin respaldo presiona el alza del dólar paralelo, cuestión que atiza aún más la inflación,

debido a que el precio del dólar no oficial es la base de cálculo de la mayoría de los precios. El propio gobierno ha cuestionado que el dólar paralelo es la tasa marcadora en la formación de precios.

El BCV dejó de publicar el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), pero la Asamblea Nacional (AN), con base en la misma metodología que aplica el BCV, calculó todos los meses de 2017 el INPC. La tasa de inflación en abril-2018 -medida por la Asamblea Nacional con la misma metodología del Banco Central de Venezuela- fue de 80,1%, la tasa de inflación acumulada desde diciembre de 2017 hasta abril de 2018 fue de 897,2% y la tasa de inflación anualizada entre abril 2017-abril 2018 llegó a 13,779%. S i esta inercia se mantiene en 2018 y el INPC supera el 50 %, las anteriores estimaciones se quedarán muy cortas y la hiperinflación podría superar el 20.000 %.

Para abatir la hiperinflación se impone reactivar la producción agrícola e industrial, corregir el déficit fiscal y eliminar su financiamiento con emisiones de dinero sin respaldo. Un tipo de cambio competitivo y la sinceración en los precios de los combustibles bastaría para corregir el déficit de Pdvsa y erradicar la enorme presión que se ejerce sobre el BCV para que siga emitiendo dinero inflacionario. Necesario es restaurar la autonomía del BCV en la emisión de dinero y el manejo de las reservas internacionales para que pueda volver a controlar el ritmo de expansión de los medios de pago, acorde con la expansión de la producción.

La caída del ingreso fiscal

La recaudación de ISR en 2018 no augura buenos resultados. La contracción estimada del PIB en 2017 está en torno al 14 %. Muchas empresas cerraron el ejercicio fiscal con pérdidas, lo cual sentenció una baja recaudación de ISR para la zafra fiscal que tradicionalmente concluye cada 31 de marzo, pero que en 2018 fue prorrogada hasta el 31 de mayo.

Adicional a la caída de la recaudación del ISR, también ha caído la recaudación del IVA. La necesidad que tienen los hogares y empresas de estirar sus menguados ingresos y presupuestos debido a la voracidad hiperinflacionaria, induce a la informalización de la economía. Este fenómeno se expresa en un creciente número de operaciones de compra-venta que se hacen sin pedir la factura para evitar el pago del IVA, cuestión que agrava aún más la merma del ingreso fiscal.

Las noticias sobre la superación de las metas de recaudación que publica el Seniat son cifras abultadas por la inflación. Aunque el Seniat informe el sobrecumplimiento de sus metas nominales, la hiperinflación también pulveriza el poder de compra de la recaudación fiscal, la cual no alcanza para cubrir todos los gastos del gobierno. Así se agrava el déficit del sector público y, al financiarlo con nuevas emisiones de dinero inorgánico, se cae en un círculo vicioso que se retroalimenta permanentemente.

El deterioro de las cuentas del sector externo

La caída de los precios del petróleo ha deteriorado las cuentas del sector externo. El petróleo cayó de un promedio de 103,46 $/barril en 2012, a un promedio de 50 $/b en lo que va de 2018 para la cesta de crudos venezolanos. A lo largo de estos años el ingreso petrolero disminuyó 66%, pero el gobierno siguió gastando como si nada hubiese pasado y, para cuadrar las cuentas, lo que hizo fue recortar las importaciones en función de liberar divisas para pagar la deuda externa. En 2012, las importaciones fueron de $ 65.951 millones, pero en 2017 cayeron a $ 12.300 millones, apenas un 18,6% en comparación con aquel año. La escasez de materias primas, insumos, repuestos, maquinarias y equipos importados explica en gran medida el colapso de 34% que ha registrado el PIB, desde el año 2014.

El control de cambio en vez de frenar la fuga de divisas lo que hizo fue estimularla y agravarla. El creciente diferencial entre el precio de la divisa oficial y el dólar paralelo degeneró en un incentivo perverso para la sobrefacturación de importaciones y toda una gama de ilícitos cambiarios que originó una fuga de capitales sin precedentes. Entre 2003 y 2017 salieron por las cuentas Financieras y de Capital y de Errores y Omisiones de la balanza de pagos, $ 155 mil 400 millones más de ocho veces de lo que salió entre 1960 y 1998.

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