Ecuador en elecciones: Perspectivas del sistema Correa

Escrito por  Jorge León T.

Ecuador ha sido una sociedad política por excelencia, en dónde la política suscita preocupación y febrilidad permanentes. Sin embargo, vive ahora una campaña electoral poco común para sus características, más bien con cierta apatía electoral y despolitización. Cerca de 10 millones de electores van a elegir un presidente y los legisladores, pero tres semanas antes de las elecciones sólo 59% de los electores tendrían definida su opción de voto.  Rafael Correa, presidente saliente, que compite para su reelección junto a otros 7 candidatos a la presidencia de diversas tendencias, tendría según las encuestas mucha posibilidad de ganar en la primera vuelta ya que lograría la ventaja sobre los demás contendores de cerca de 20% de preferencias. Esto explicaría parte de la indiferencia ciudadana por la campaña, además del hecho que el sistema político predominante por el cual el ciudadano en principio tiene un gobierno que dice ocuparse de sus necesidades y espera que las soluciones vengan de arriba, de un gobierno que se muestra generoso, lleva a una ciudadanía irresponsable, indiferente de la cosa pública, es decir despolitizada.

El sistema Correa
Correa se presenta como un gobierno de izquierda y así se lo reconoce internacionalmente, líderes de la independencia de España o de la lucha social, promueve un nacionalismo propio y otro pan-latinoamericano, así como la distribución de la riqueza y la intervención de un Estado que haría contrapeso a las tendencias neoliberales. Sin embargo, mal se puede precisar lo que busca fuera de estos aspectos generales. Correa tiene un origen de militante católico que ha seguido de cerca la Doctrina Social de la Iglesia y no es sino antes de ser candidato en 2006 que vivió un acercamiento a las organizaciones de izquierda o a diversas organizaciones sociales cercanas a las primeras. Estas terminaron apoyando su candidatura, sus programas se volvieron los de Correa y sus militantes fueron su fuerza organizativa primera.

Luego de seis años en el gobierno, Correa ha cambiado mucho sus aliados primeros y sus modos de actuar en política. Su círculo cercano no es exactamente de izquierda sino de personas de diversos orígenes políticos, por ejemplo cercanos al Partido Social Cristiano, o a algún partido populistas, lo mismo acontece al nivel local con muchos dirigentes de su organización. En contraste con el pasado ecuatoriano que ha tenido un sistema político muy fragmentado por regiones, Correa dispone ahora de una organización política, Alianza País, que tiene miembros o simpatizantes en todo el país. No es un partido propiamente dicho cuanto una organización de apoyo electoral, fundamentalmente formada por seguidores de Correa, no de alguna ideología identificable o programa en particular.

De hecho, el punto más sobresaliente de su gobierno para el sistema político, es su construcción en lo que sus seguidores llaman un líder y los analistas un caudillo que lo sitúa por encima de todos, al punto que los miembros de Alianza País esperan que se posicione el Presidente sobre cualquier asunto antes de tomar acciones.

Su fuerte carisma para comunicar a la población, junto con la polarización que ha alimentado desde el inicio de su gobierno, al hacer a diversos sectores sociales los enemigos que serían responsables de algún problema o mal social (ricos, alcaldes de oposición, profesionales, sindicalistas, dirigentes indígenas) y en particular la prensa, le han permitido tener una presencia diaria en todos los medios de prensa. Los días sábados en algún lugar del país, el presidente y su gabinete informan sus actividades de la semana, lo cual le permite emitir criterios sobre cualquier acontecimiento y establecer un nexo constante con la población. El gobierno dispone además de cuatro canales de televisión, de una amplia red de radios y de dos periódicos. Así, Correa ha logrado una presencia permanente con la población que le ha permitido lograr una aceptación constante, excepcional en Ecuador, de más de 50% de la población. Esta aceptación le ha dado una gran legitimidad, con lo cual puede realizar actividades que no necesariamente son legales, pero que lo justifica en nombre de realizar una “revolución ciudadana” . Como al inicio de su período Correa ha logrado cumplir sus promesas, la población le ha dado una confianza que la alimenta con nuevas acciones. Finalmente, con varios referendos, diversas leyes y una nueva Constitución, Correa logró que el ejecutivo disponga de poderes excepcionales y, si bien no lo permite la norma, no es excepcional que intervenga en los demás poderes del Estado. Por ejemplo, es frecuente que el Presidente o algún Ministro se pronuncien públicamente sobre algún juicio en curso, antes de dictada la sentencia.

La Constitución creó un cuarto poder, el de Participación y Control social, para hacer honor a una idea de “ciudadanía” activa y cumplir un contrapeso al de los otros poderes del Estado, entre otras cosas selecciona el personal para los organismos de control del Estado, contraloría etc. Pero este poder se ha vuelto más bien una correa de transmisión del ejecutivo, gracias a lo cual ahora el gobierno ha situado a personas que siguen sus posiciones en todos los poderes del Estado, en particular en la justicia. Así, existe una fuerte concentración del poder del Estado en manos del ejecutivo, lo cual se complementa con el control que el gobierno ha logrado de las organizaciones de la sociedad civil. Sea por cooptación de sus dirigentes a puestos del Estado, sea por la creación de organizaciones paralelas para dividirlas (indígenas, sindicatos…), o por la amenaza a sus dirigentes incluido con cárcel en casos de protesta la cual ha sido considerada como terrorismo.

Tanto la concentración del poder como el control de las organizaciones y no raramente de presión a los opositores, siguiendo los argumentos gubernamentales, le permiten avanzar en un programa de cambios sociales. Estos son ante todo una modernización del Ecuador en sus servicios públicos, infraestructura (vial, puertos, aeropuertos, conectividad), una recuperación del Estado disminuido con la corriente neoliberal, el incremento de empresas estatales en la economía, sobre todo en recursos naturales, una regulación y formalización del sector productivo privado, en particular el financiero, así como diversas políticas de redistribución de la riqueza. Estas se refieren en particular al incremento de la subvención a los sectores más pobres (Bono de Desarrollo Humano), la ampliación de los servicios públicos sobre todo en salud, con servicios más accesibles para la mayoría, con subvenciones para las familias con discapacitados crónicos, y acceso a servicios diversos para las personas con capacidades especiales, mejoras en la educación y gratuidad completa, becas para los de bajos ingresos para la universidad, acceso a créditos para vivienda, así como en parte a pequeños y medianos negocios. Todos estos aspectos han contribuido a una reducción de la pobreza del 10%.

Suma hecha, estos procesos de modernización o de incorporación de los cambios de gestión, procedimientos o de tecnología o de ampliación de los servicios, implican ingentes inversiones que han sido posibles gracias al crecimiento de los ingresos del Estado, debido sobre todo al incremento del precio del petróleo que el país exporta. En seis años, el presupuesto anual del Estado ha pasado de cerca de 6 mil millones de dólares a 24 mil millones.
Sintéticamente, Correa significa así una fase de modernización, redistribución de la riqueza, pacificación social, orden y una concentración del poder personalizado. La estabilidad y el orden ya eran demandas de una sociedad que ha vivido una larga crisis política de inestabilidad e insatisfacción antes de la llegada de Correa, existe así una coincidencia entre la demanda social y la actitud de Correa. No ha gestado en cambio, alternativa productiva ni las políticas en curso son sustentables. Al igual que en Bolivia y Venezuela, la mayor intervención social del Estado es posible gracias  al alza del precio de materias primas. Tampoco existen nuevas relaciones entre sociedad y Estado, al contrario es un reencuentro con una dinámica caudillista por la cual la sociedad depende de la cabeza del poder político, el cual transmite parcelas de ese poder a sus más cercanos, los cuales tienden a reproducir ese comportamiento en sus propios espacios, no es excepcional que lo arbitrario aparezca y con ello la corrupción.
   
Lo que está en juego en las elecciones

Vista la aceptación del presidente, lo que está en juego no sólo es su continuidad sino las condiciones en que la hará, pues al ganar con fuerte mayoría, debilitar aún más a la oposición y disponer eventualmente de una mayoría completa en el legislativo, Correa ya no necesitará de sus aliados y personal político de izquierda y podrá actuar más a su gusto en el gobierno. Pero es necesario recordar que no existe en realidad un programa de gobierno, este sigue las definiciones que construye Correa según el momento. Es significativo, el personal que Correa ha privilegiado, empezado por su actual candidato a vicepresidente, Jorge Glass, está formado por personas de su completa confianza personal, no tienen antecedentes de militancia o de concepciones políticas de izquierda o muy elaboradas. Al contrario, han tenido otras posiciones, y en el caso de Glass ha sido la persona de todos los contratos con China, poco transparentes y muy sometidos al gigante asiático. El presidente ha escogido los candidatos al legislativo, según su mayor o menor grado de confianza en él, lo cual puede implicar personas con poca o ninguna experiencia política, como son varios futbolistas que desde luego pueden aportarle más votos, pero que no tendrán autonomía política alguna. Ya hay varios casos emblemáticos de algunas consecuencias de esta situación, por las cuales el presidente defiende a sus próximos, inclusive con homenajes púbicos y acusaciones a las personas o medios de prensa que señalan irregularidades cometidas por ellos. Sin embargo, cuando las evidencias están irrefutables, él organiza la situación para decir que todo se sabe gracias a su acción. Recientemente, por ejemplo, su primo Pedro Delgado quien ha ocupado varios cargos públicos de primera línea en ámbitos de la economía, al estar a la cabeza de un Banco del estado, fue denunciado por hacer un préstamo de $800.000 dólares, a una persona (Duzac) de Argentina, que no reside en Ecuador sin tener las condiciones para ello, ni las garantías para el préstamo, en un trámite de contados días. Además de revelarse este caso de evidente corrupción, se constató que Delgado no tenía el título universitario que decía tenerlo. Correa lo defiendo en los dos casos y luego de hacerle un homenaje público y ensalzar sus cualidades de servicio a la “revolución ciudadana”, el implicado reconoce públicamente su “error” y puede salir libremente a Miami. El gobierno después reclama su regreso al Ecuador y lo convierte en chivo expiatorio para demostrar que sigue principios, y la Fiscalía que debía ocuparse del caso desde meses antes al tener varias denuncias no es sino cuando ya ha salido del país que se ocupa de ello.

Caudillismo vs democracia participativa

En la concepción gubernamental ganar en la primera vuelta y lograr el control completo del legislativo es ahondar la “revolución ciudadana”. El tema de debate más importante de esta campaña, es si para realizar lo que hemos identificado como cambios sociales y modernización, se necesita esta concentración del poder en el presidente. Se esperaba al inicio de Correa que se profundizaría y ampliaría la democracia con mayor participación ciudadana en todos los niveles del Estado y de hecho se buscaba que ésta cumpla cierto grado de contrapeso a los poderes oficiales del Estado, pero la concentración del poder y la convicción tecnocrática que el gobierno sabe lo que se debe hacer, mientras los demás se equivocan, ha llevado a lo contrario. El caudillismo tiene los efectos de des-institucionalizar y aplastar a la sociedad civil.

Sin embargo, buena parte de los sectores populares y medios se encuentran más bien favorables a la continuidad de Correa sin prestar importancia a estos impactos institucionales del gobierno actual y en particular a lo que se ha llamado el estilo del presidente, que puede incluir insultos o desvalorización de los contrincantes.

Extractivismo vs otra economía y sociedad

Se esperaba igualmente que con Correa se modificaría el aparato productivo y se conocería entre otros aspectos, una salida de la dependencia económica de la extracción y venta de las materias primas, – ya que esto postula su plan de gobierno – pero ello no ha acontecido y es más bien el “extractivismo” que se ha reforzado. Este es uno de los temas explícitos y constantes de las izquierdas que no están con el gobierno, la Unidad Plurinacional, varios de cuyos militantes estuvieron antes con el gobierno. Para Correa, mal se puede no sacar los minerales e intensificar la extracción del petróleo, a pesar que Ecuador no tendría reservas sino para 10 años más, puesto que con eso se mejorarían los servicios de salud o de educación. Para la Unidad Plurinacional, cuyo candidato presidencial es Alberto Acosta, el rechazo al extractivismo no es sólo por una defensa del ambiente, sino porque este es una vía nada sustentable, mientras la naturaleza, tal la de la Amazonía ofrece otras perspectivas de relaciones positivas con la naturaleza para beneficio humano en una relación sustentable. Lo que estaría en juego es más bien cómo crear otro modelo económico o en términos de lo que las organizaciones de izquierda y ambientalistas habían defendido es cómo construir otro sistema de “buen vivir”, una dinámica que sería a la par de positivas relaciones con el ambiente y diferente a la dinámica de concentración del capital.

El espacio de la oposición y el sistema de partidos

El sistema actual de Correa ha logrado crecer debido a una oposición debilitada con el descrédito de los partidos, en su mayoría por haber apoyado antes propuestas neoliberales y la colusión de intereses entre el sector empresarial y la política. En estas elecciones así, compiten desde la oposición de centro-derecha el ex-presidente Lucio Gutiérrez, el banquero Guillermo Lasso con un nuevo partido de derecha, CREO, que sería eventualmente el que más votación captaría luego de Correa. El empresario A. Noboa se presenta por quinta vez y las encuestas indican que su popularidad ha bajado. El cuarto candidato más opcionado es Alberto Acosta de la Coordinadora de Unidad Plurinacional, de las izquierdas, las cuales en el pasado lograban alrededor del 10% de la votación, pero hasta ahora en las encuestas recibirían esta vez menos votación, alrededor de 7 a 8%. Los demás candidatos obtienen muy reducidas posibilidades de votación.  … .
Ahora, existen 7 partidos  y 5 movimientos políticos nacionales,  4 son nuevas organizaciones y las otras se encuentran en redefinición ante el peso que ha adquirido Alianza País.
Al nivel de la competencia electoral, la situación es completamente favorable a Alianza País de Correa, ante  muchos políticos desconocidos vs un Correa archiconocido y omnipresente en prensa, con propaganda abundante y noticias. Se han reducido además las circunscripciones electorales para más de la mitad del electorado y establecido el sistema de escrutinio D’Hont, dos medidas que favorecen al partido mayoritario y eliminan a las minorías. Lo cual implicaría un cambio radical del sistema de partidos y de su representación parlamentaria. Si se habría aplicado este sistema al momento de las elecciones anteriores, Alianza País no habría tenido 52 curules en la Asamblea –algo menos de la mitad- sino casi los dos tercios de los puestos de Asambleistas.

El espacio de las izquierdas

El conjunto de organizaciones de izquierda había apoyado al candidato Correa en 2006 y fueron en el primer gobierno sus aliados. Poco ha poco han salido buena parte de ellas y ante un contendor fuerte se han agrupado en la Unidad Plurinacional. Además, de constituirse en una fuerza política que haría oposición a Correa, los aliados buscan una renovada identidad de izquierda y vigorizar a los organizaciones y movimientos sociales, ahora decaídos. Esta alianza comprende al partido MPD (Movimiento Popular Democrático), al Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik cercano a las organizaciones indígenas, a un sector llamado Movimiento Montecristi que junto a A. Acosta reivindican los principios y propuestas que se incluyeron en la nueva Constitución sugeridos por las organizaciones sociales y que Correa no las respectaría. También comprende personas independientes de las organizaciones políticas pero que se reclama de la izquierda. El desafío de este sector es renovar a la izquierda en sus ideas, programa y prácticas de organización o poder. La oposición al extractivismo ya indica una diferencia para este sector así como la idea de Buen vivir, sin embargo ésta debe ser elaborada, no es aun utopía ni proyecto.

La renovación y espacio de las otras tendencias

En las nuevas organizaciones dos (CREO Y SUMA) se reclaman de una nueva derecha y de hecho promueven su renovación, una de ellas identificada con la juventud. Lo significativo es que en la polarización Estado-mercado, estas organizaciones no polarizan como antes y reconocen la importancia del rol regulador del Estado.
También hay dos organizaciones que se reclaman de la social democracia (AVANZA y RUPTURA), una de ellas también identificada con la juventud y con la idea de renovar a la social democracia.
Esta  redefinición de las tendencias partidarias  no tendrá peso en el inmediato pero es posible que lo tenga en el futuro no lejano

Un futuro de mucho poder a Correa y crecimiento de conflictos

Es posible por consiguiente, que en un futuro cercano Correa logre mucho más poder de lo que tiene ahora y consolide su proyecto más personalista; y, tal como lo ha anunciado espera incentivar de inmediato la extracción minera que hasta recientemente ha sido un tabú en Ecuador. Es previsible entonces que se incrementen los conflictos socioambientales, sobre todo en la Amazonía.  Las regalías mineras se traducen en incremento de consumismo y con este de las desigualdades ante una demanda de nuevas necesidades insatisfechas. Mayor poder concentrado y mayores conflictos previsibles.

A pesar del apolitismo ahora predominante, es posible que la oposición, sobre todo la oposición social, logre tomar mayor presencia, pues el halo de una persona intocable  de Correa, ya ha disminuido y existen más personas que ya no temen al gobierno como ha sido hasta recientemente. En el pasado, los conflictos se atenúan cuando el gobierno tiende a ser autoritario, pero cuando ese aspecto se vuelve secundario, los conflictos retenidos se expresan. Son los abundantes recursos de los que dispone el gobierno que también han servido para atenuar los conflictos pero es notorio que los abundantes gastos públicos hacen que el endeudamiento crecer y las limitaciones de gasto igualmente.  No sería sí sorprendente que se dé una polarización social que puede inclusive llevar a situaciones de mucha represión.


* Politólogo y sociólogo ecuatoriano. Trabaja sobre cambios sociales en la región andina con énfasis en movimientos sociales y sistema político.

La Constitución creó un cuarto poder, el de Participación y Control social, para hacer honor a una idea de “ciudadanía” activa y cumplir un contrapeso al de los otros poderes del Estado, entre otras cosas selecciona el personal para los organismos de control del Estado, contraloría etc. Pero este poder se ha vuelto más bien una correa de transmisión del ejecutivo, gracias a lo cual ahora el gobierno ha situado a personas que siguen sus posiciones en todos los poderes del Estado, en particular en la justicia. Así, existe una fuerte concentración del poder del Estado en manos del ejecutivo, lo cual se complementa con el control que el gobierno ha logrado de las organizaciones de la sociedad civil. Sea por cooptación de sus dirigentes a puestos del Estado, sea por la creación de organizaciones paralelas para dividirlas (indígenas, sindicatos…), o por la amenaza a sus dirigentes incluido con cárcel en casos de protesta la cual ha sido considerada como terrorismo.[1]


[1] Se está utilizando un artículo sobre terrorismo que no define muy precisamente este tipo penal y fue introducido al Código Penal en tiempos de dictadura militar. Ver también el informe de amnistía internacional sobre Ecuador: https://doc.es.amnesty.org/cgi-bin/ai/BRSCGI/amr280022012es?CMD=VEROBJ&MLKOB=31762200202
Un ejemplo es la “Marcha por el agua y por la vida” que organizaciones indígenas, de mujeres, de estudiantes y sindicales organizaron desde la Amazonía a Quito, en rechazo a la política de extracción minera entre otros aspectos en marzo del 2012. El gobierno realizó diversas acciones para impedir que la marcha funcione, que tenga apoyo y llegue a Quito.
Pocos días antes fueron arrestados y encarcelados 10 jóvenes por terrorismo, “los 10 de Lununcoto”. Actualmente está en curso el juicio contra los siete homobres y 3 mujeres, a puertas cerradas. Se les imputa haber colocado unas “bombas panfletarias” en ocasión de una visita del presidente colombiano Juan Manuel Santos al Ecuador, de lo cual se deduce la intención de atentar contra la seguridad del Estado. Los acusados niegan su responsabilidad y afirman que la intención de su encuentro fue discutir sobre la democracia y el buen vivir. Según expericias jurídicas no existe ninguna prueba y ningún vínculo jurídicamente relevante entre el grupo de acusados y el grupo que supuestamente hizo explotar los panfletos, más bien la acusación se basa exclusivamente en afirmaciones policiales. Ver http://lalineadefuego.info/2013/01/29/los-diez-de-luluncoto-terroristas-por-ramiro-avila-santamaria/ o: http://www.inredh.org/ Nota de los editores.
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