“Nuestro continente asiste a una recolocación de un discurso de poder patriarcal”

El siguiente intercambio con la antropóloga feminista, forma parte de un diálogo sostenido desde la Fundación Rosa Luxemburgo (FRL) a partir de la lectura de “La guerra contra las mujeres”, motivado por la necesidad de nutrir la puesta en práctica de este eje en la FRL, pero también en los todos los espacios de intervención donde es necesario fortalecer el lugar de las mujeres. 

Con la instalación pública de la legalización del aborto en estas últimas semanas, surge la reflexión sobre las formas en los que se asume políticamente esta demanda desde la izquierdas. En ese sentido, Segato hace foco en que los temas “de mujeres” no suelen ser tomados como temas estructurales, sino como problemas de minorías.

Les dejamos el primero de dos envíos que componen esta charla, en la que el pasado, el presente y el futuro pierden sus bordes para seguir pensando un feminismo popular y los desafíos del movimiento, cada vez más grande, de mujeres.

Edición: Nadia Fink y Florencia Puente.

¿Qué análisis hacés sobre lugar que ocupan los “temas de mujeres” en las organizaciones o partidos”

Cuando en un programa político se pasa a abordar el tema de las mujeres, lgbtt, o lgbtti, automáticamente el enfoque deja de ser estructural. Y automáticamente el tema de género pasa a ser un problema de una minoríaEntiendo que ahí hay un defecto que hemos acatado sin darnos cuenta: la minorización de ciertos temas. En el tema de género agrupo todas las violencias que tienen que ver con la misoginia, la transfobia, la homofobia como crímenes del orden patriarcal; creo que son violencias estructurales en el sentido de que desde ahí se ejerce una pedagogía que va a estructurar todo el edificio de las desigualdades. Pero ni siquiera es un tema de las mujeres o de las personas que tienen sexualidades no normativas; es un tema que estructura la primera forma política de desigualdad, de opresión, que es la pedagogía indispensable para todas las otras formas de opresión.

¿Por qué podemos hacer esta  afirmación hoy con más vehemencia que nunca? Porque nuestros antagonistas del proyecto histórico nos están mostrando que es estructurante, de la manera en que están encerrando el periodo multicultural. El multiculturalismo nombró y reconoció la existencia de tajadas de la torta: los negros, las mujeres, los disidentes sexuales; se pasó de un mundo bipolar, de una política antisistémica a una política plenamente sistémica. Se trata de una política distributiva, de los derechos humanos, de los derechos de las minorías.

Ese periodo multicultural, que duró unos 25 años aproximadamente, ahora cae. Vemos muy rápidamente el final de lo políticamente correcto, el final de todas las banderas multiculturales y una se pregunta ¿por qué el multiculturalismo en ningún momento agredió la máquina de la acumulación, el proyecto histórico del capital? Jamás tocó ahí, al contrario, distribuyó entre las porciones y dentro de cada porción creó una elite.

Cuando antes hablábamos de la destrucción de un sistema, nos referíamos inmediatamente después a la inclusión a un (otro) sistema; el discurso inclusivo fue un discurso de agitación, porque reconoció en el discurso público la existencia del racismo, de los ataques misóginos y homofóbicos, los nombró y ese nombrar fue importante. La distribución de derechos y recursos operó de una forma inclusiva, o sea, incluyendo al sistema que en el periodo anterior queríamos desmontar. La opinión pública está muy centrada hoy en el tema de la agresión contra las mujeres, los femicidios, y es un dolor de toda la sociedad, pero es importante revisar las múltiples violencias más allá de la de género; por ejemplo, en Brasil medio millón de jóvenes negros murieron por muerte violenta en una década, estamos hablando de un genocidio en este caso.

Los que en mis textos llamo “nuestros antagonistas del proyecto histórico” –para no llamarlos enemigos porque no me parece adecuado—, aquellos que claramente están dentro del proyecto histórico del capital, de la acumulación, de la concentración, nos están mostrando hoy que reconstruir el patriarcado con toda la fuerza, que recolocar la opresión de las mujeres, es fundamental. Tenemos que preguntarnos por qué los think tank, los grandes cerebros formados en Harvard, Chicago y por ahí, han decidido que el multiculturalismo era un peligro para el proyecto del capital. Es difícil entender por qué, dado que no era un peligro, no tocaba en la máquina de la acumulación y concentración, pero ellos nos están diciendo que la pedagogía patriarcal es indispensable para su proyecto.

¿Y en qué instancias concretas se instala esta idea del fin del culturalismo en los lugares de las mujeres puntualmente?

–En esta idea creo, e identifico varias señales que la refuerzan, basta mirar la transformación veloz y unificada de la escena presidencial. Todas las escenas presidenciales, excepto (Michelle) Bachelet, que asume el aspecto de una abuela, son iguales. Quien hoy quiere ser presidente se casa con una actriz, una presentadora de televisión, inclusive el propio Linera. Ese cambio de estructura, esa imagen que es pedagógica, se volvió igual en todas partes. Para mí eso es una agenda, porque no se puede observar al poder –es imposible observar cómo el poder delibera y decide–, pero podemos saberlo por sus epifenómenos, o sea, por lo que es visible.

 

Les invitamos a leer el artículo completo en su publicación original…

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