Vivimos en una sociedad donde el consumo de drogas tiene dos grandes ramas: la legalizada y la sancionada, inseparables en el momento de los debates políticos, éticos, jurídicos e incluso económicos. En la vida cotidiana, muchas drogas son calificadas como medicinas[1], están adecuadamente controladas y legalizadas, así como lo están varios productos a los que se les ha dado el nombre de “droga social” tales como el alcohol y el tabaco, pero también productos que se expenden libremente para otros usos, como el caso de pegamentos y diluyentes. Por el lado de las drogas sancionadas existen unas de origen vegetal (coca, heroína, hachís, marihuana cuando no se la ha legalizado para fines médicos u otros) y otras de origen químico (crack, LSD, éxtasis, entre otras que son conocidas también como drogas de diseño). El consumo de este tipo de productos viene desde la antigüedad y manifiesta distintas facetas del comportamiento…